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"En cada encuentro, en cada texto, nos vamos Palabreando sin prisas, con verdad y con voz propia."

10 consejos de Gabriel García Márquez para crear un buen cuento

 

Consejos que suelo compartir con mis alumnos 



A menudo, cuando hablo con mis alumnos sobre la creación de cuentos, surge una pregunta: ¿cómo se aprende a contar una buena historia?

Mi respuesta suele comenzar siempre por el mismo lugar: la lectura.

Leo para disfrutar, como cualquier lectora, pero también desde la mirada de quien crea historias. Me detengo en los comienzos, observo cómo nacen los personajes y me pregunto por qué un relato consigue mantener mi atención.

Los grandes autores pueden enseñarnos mucho sobre el oficio de la literatura. Por eso me gusta volver de vez en cuando a las palabras y enseñanzas de quienes han dedicado su vida a contar historias.

Gabriel García Márquez es una referencia imprescindible para cualquier persona que ame la narrativa.

El cuento, además, tiene una exigencia especial. Su brevedad obliga a tomar decisiones constantemente. Cada escena debe encontrar su lugar y cada palabra debe cumplir una función dentro de la historia.

Por eso quiero compartir hoy con mis alumnos, mis lectores y todas las personas que disfrutan creando historias algunos consejos inspirados en las reflexiones de Gabriel García Márquez sobre el arte del cuento.

Son ideas que considero muy útiles y que trabajo habitualmente en mis talleres.

1. Crea el cuento que te gustaría leer

Este consejo me parece fundamental.

Cuando comenzamos una historia, podemos caer en la tentación de pensar demasiado pronto en el lector. Queremos saber si gustará, si resultará interesante o si encontrará su público. Sin embargo, antes de pensar en todo eso, yo siempre recomiendo hacernos una pregunta muy sencilla:

¿Me gustaría leer este cuento?

Si la historia no despierta nada en quien la crea, será difícil transmitir emoción al lector.

Una historia debe interesarnos, sorprendernos o provocarnos alguna sensación. Tenemos que sentir curiosidad por ella y desear descubrir qué ocurrirá. Por eso les digo a menudo a mis alumnos que busquen historias que les importen.

Cuando quien crea un relato siente interés por lo que está contando, ese interés suele trasladarse al texto.

2. Dale al cuento una forma completa

Un cuento es breve, pero necesita sentirse completo.

El lector puede quedarse pensando en la historia cuando termina. Puede imaginar qué ocurrió antes o preguntarse qué sucederá después. Sin embargo, el relato debe transmitir la sensación de que hemos recorrido un camino.

Para conseguirlo, necesitamos conocer el centro de la historia.

¿Qué ocurre?

¿A quién le ocurre?

¿Por qué ese momento merece convertirse en un cuento?

Estas preguntas nos ayudan a encontrar el conflicto y a descubrir qué queremos contar realmente.

Muchas veces comenzamos desde una imagen o desde una idea. Eso puede ser suficiente para iniciar el proceso, pero después debemos descubrir qué historia se esconde detrás.

El relato necesita avanzar y conducir al lector hacia algún lugar.

3. Piensa cómo vas a contar la historia

Una misma historia puede transformarse por completo según la forma en que decidamos presentarla.

Podemos comenzar por el principio o entrar directamente en un momento decisivo. Podemos mostrar los hechos desde la mirada de un personaje o dejar que una voz externa nos guíe.

Las posibilidades son muchas. Por eso considero importante detenerse antes de comenzar y pensar en la estructura. No necesitamos planificar cada detalle. Algunas personas prefieren descubrir la historia a medida que avanzan. Otras trabajan con una planificación más precisa. Cada autor encuentra su propio método.

Lo relevante es comprender que toda historia necesita una organización que permita al lector avanzar sin perderse. Cuando reviso los cuentos de mis alumnos, muchas veces descubro que el problema no está en la idea. La dificultad aparece en la forma en que esa idea llega al papel.

Una buena historia necesita encontrar su mejor manera de llegar al lector.

4. Lee también desde la mirada de un autor

La lectura es una de las mejores escuelas literarias. Pero, además de disfrutar de una historia, podemos observar cómo la ha construido su autor.

Cuando un cuento nos atrapa, merece la pena detenernos y hacernos algunas preguntas:

¿Dónde comienza la historia?

¿Qué información conocemos desde el principio?

¿En qué momento aparece el conflicto?

Este ejercicio nos permite descubrir la arquitectura del relato.

Yo recomiendo hacerlo especialmente con los cuentos que más nos han impresionado. Podemos volver a ellos y observar cómo trabajan sus autores. Poco a poco aprendemos a reconocer recursos narrativos que antes pasaban desapercibidos.

Esta forma de leer amplía nuestra mirada y nos ayuda a comprender mejor el oficio.

5. Mantén la atención sobre lo esencial

En un cuento disponemos de poco espacio. Eso nos obliga a preguntarnos constantemente qué necesita realmente la historia. Una escena debe aportar algo. Un personaje debe tener una función. Una descripción debe contribuir a crear la atmósfera o a ayudarnos a comprender lo que está ocurriendo.

Cuando introducimos elementos que no tienen relación con el centro del relato, corremos el riesgo de dispersar la atención del lector. Por eso, durante la revisión, conviene hacerse una pregunta que puede resultar muy útil:

¿Qué ocurriría si elimino esto?

Si el cuento sigue funcionando exactamente igual, quizá ese elemento no sea necesario.

Revisar también significa aprender a prescindir de aquello que sobra.

6. Aprende a sugerir

Una de las cuestiones que más me gusta trabajar en los talleres es la importancia de aquello que dejamos fuera del texto. El lector no necesita conocer cada detalle.

Como autores, debemos saber mucho más sobre nuestros personajes de lo que finalmente aparecerá en el cuento. Podemos conocer su pasado, sus miedos y aquello que nunca se atreven a decir. Después llega una decisión fundamental: elegir qué necesita conocer el lector.

La literatura también vive de la sugerencia. Una frase puede esconder una historia completa. Un silencio puede revelar un conflicto. Una puerta cerrada puede despertar preguntas.

Cuando confiamos en el lector y le dejamos espacio para interpretar, el relato adquiere profundidad.

7. Busca historias en la vida cotidiana

Las historias están a nuestro alrededor. Aparecen en una conversación que escuchamos por casualidad. También pueden surgir de una mirada, de un recuerdo o de una situación que observamos mientras caminamos por la calle.

Por eso recomiendo prestar atención. Observar es una herramienta fundamental para cualquier autor. Muchas veces creemos que necesitamos acontecimientos extraordinarios para crear una buena historia. Sin embargo, la literatura puede encontrar su fuerza en los momentos más sencillos.

Una persona que espera una llamada puede protagonizar un cuento.

También una mujer que encuentra una fotografía olvidada.

O alguien que reconoce una voz después de muchos años.

Lo importante es descubrir qué emoción o qué conflicto se esconde detrás de esa situación. Ahí puede comenzar un relato.

8. Escucha tus ideas

Las ideas pueden llegar en cualquier momento.

A veces aparece una imagen que no conseguimos olvidar. En otras ocasiones escuchamos una frase que comienza a dar vueltas en nuestra cabeza. Conviene anotarlas.

No todas esas ideas se convertirán en cuentos, pero algunas pueden permanecer con nosotros durante mucho tiempo. Cuando una idea vuelve una y otra vez, suelo pensar que quizá está intentando decirnos algo. Entonces comienza el verdadero trabajo.

Necesitamos conocer mejor esa historia. Debemos descubrir quiénes son sus personajes y qué ocurre en su mundo.

La primera idea es solamente el comienzo. Después llega el desarrollo. Y, finalmente, la revisión.

9. Los cuentos son una magnífica escuela literaria

Siempre recomiendo trabajar el relato breve como un excelente ejercicio para cualquier persona que quiera mejorar su técnica.

El cuento nos obliga a trabajar con precisión.

Nos enseña a controlar el ritmo y a valorar cada palabra.

También nos ayuda a comprender la importancia de la estructura.

Al construir un cuento, aprendemos a tomar decisiones continuamente.

Tenemos que saber dónde comienza la historia y cuándo debemos terminarla.

Esa práctica resulta muy valiosa, incluso para quienes desean enfrentarse a una novela. Cada relato puede convertirse en un pequeño laboratorio literario. Podemos experimentar con una voz narrativa, profundizar en una emoción o explorar un personaje.

La práctica nos ayuda a descubrir nuestras fortalezas y también aquello en lo que debemos seguir trabajando.

10. Cuida el orden de los cuentos en un libro

Este consejo resulta especialmente importante para quienes están preparando un libro de relatos. Cuando reunimos varios cuentos, debemos pensar en la relación que establecen entre ellos. El orden puede modificar la experiencia del lector.

El primer relato abre la puerta al libro. Debe despertar interés y ofrecer una primera impresión de lo que encontraremos.

El último cuento también tiene una responsabilidad especial. Es el relato que acompaña al lector cuando cierra el libro.

Entre ambos podemos construir un recorrido.

A veces los cuentos comparten una temática. En otras ocasiones los une una emoción o una determinada mirada sobre la vida. Por eso recomiendo leer el manuscrito completo y observar qué sucede cuando cambiamos el orden.

Un libro de relatos también necesita ritmo.

Contar un cuento es aprender a tomar decisiones

Después de trabajar durante años con relatos y acompañar a muchas personas en sus procesos creativos, hay una idea que siempre vuelve a mí: crear es elegir.

Elegimos qué historia contar.

Elegimos qué mostramos al lector.

Elegimos qué dejamos fuera.

Y esas decisiones construyen finalmente el cuento. La literatura requiere imaginación, conocimiento y práctica. Pero necesita, sobre todo, atención.

Atención a las historias que nos rodean.

Atención a las palabras que elegimos.

Atención a aquello que realmente queremos contar.

Por eso, cuando mis alumnos me preguntan cómo pueden mejorar sus cuentos, suelo recomendarles que lean con atención, que observen el mundo y que trabajen sus historias.

Después llega una parte esencial del proceso: la revisión.

Un cuento casi nunca termina cuando colocamos la última frase. A partir de ese momento podemos volver a él, descubrir lo que funciona y detectar aquello que todavía necesita trabajo. Crear historias es un aprendizaje continuo. Y quizá esa sea una de las razones por las que el cuento sigue fascinándome: porque dentro de unas pocas páginas puede caber un mundo entero.

Y ahora quiero preguntarte a ti: ¿cuál de estos consejos te resulta más útil cuando te sientas ante una historia?

Te leo en los comentarios.

Premio Ateneo 2027: Tres nombres, un gran reconocimiento y mucha gratitud



¡Qué emoción formar parte de esta final!

Hace unos días conocí la noticia que hoy quiero compartir con quienes seguís mi trabajo: soy una de las tres finalistas al Premio Ateneo José Román 2027.

El Ateneo José Román de Algeciras ha elegido mi nombre junto al del músico y creador Antonio Romera, conocido como Chipi, y el del ilustrador Ismael Pinteño. Los socios de la entidad nos han escogido y el nombre de la persona ganadora se conocerá durante la próxima Navidad.

Cuando vi mi nombre entre los finalistas, sentí una mezcla difícil de explicar. Alegría, sorpresa y, sobre todo, agradecimiento.

Este reconocimiento llega después de muchos años dedicados a la cultura desde distintos ámbitos. La escritura ocupa un lugar fundamental en mi vida, pero mi trabajo también me ha llevado a la docencia, a la corrección, al periodismo y a la gestión cultural. He dedicado muchas horas a crear espacios donde la literatura pueda encontrarse con los lectores y donde otros autores puedan compartir sus obras.

Por eso esta nominación significa tanto para mí.

Porque detrás de cada proyecto hay muchas horas de trabajo que casi nunca se ven. Hay aulas, páginas escritas, libros, encuentros, conversaciones, presentaciones y personas que confían en lo que haces.

Y ahora, de repente, todo ese camino aparece reflejado en una candidatura.

Compartir esta final me hace sentir especialmente orgullosa

Conozco la trayectoria de mis compañeros y sé el enorme valor que tienen sus carreras.

Chipi ha construido una trayectoria muy personal dentro de la música y la creación escénica. Su trabajo con La Canalla y su manera de acercarse a la canción, el humor, la literatura y la tradición andaluza le han convertido en una figura muy reconocible de nuestra cultura.

Ismael Pinteño ha llevado su trabajo como ilustrador mucho más allá de Algeciras. Su trayectoria artística y sus proyectos para editoriales y otras instituciones han contribuido a proyectar el nombre de nuestra ciudad.

Por eso, cuando pienso en esta final, siento que compartirla con ellos ya representa un premio para mí.

Cada uno ha recorrido su propio camino y ha encontrado su manera de aportar a la cultura. En mi caso, ese camino pasa por las palabras y por todo lo que puede construirse alrededor de ellas.

Ahora toca esperar

Claro que me gustaría ganar. Sería un honor enorme y recibiría ese reconocimiento con muchísima emoción. Pero todavía queda camino hasta la Navidad.

Hoy prefiero detenerme en este momento y agradecerlo.

Gracias a quienes han pensado en mí. Gracias a quienes han valorado mi trabajo. Gracias a quienes, de una manera u otra, han acompañado este recorrido.

A veces una trabaja durante años sin saber hasta dónde llegarán esas palabras, esos proyectos o esas iniciativas. Y entonces llega una noticia como esta y te recuerda que el trabajo deja huella.

Algo habré hecho para merecer estar ahí. Lo digo con humildad, porque sé perfectamente quiénes me acompañan en esta final y porque conozco el talento que hay al otro lado.

Hoy me quedo con la emoción de formar parte de ella. Y sigo. Con las palabras como compañeras de viaje.

Por fin os presento la nueva página de Palabreando

Hoy me hace mucha ilusión compartir con vosotros una noticia que llevaba tiempo deseando contar: Palabreando tiene, por fin, una nueva página profesional.

Ha sido un proyecto en el que he puesto muchas horas, trabajo e ilusión. Quería crear un espacio en el que reunir todo aquello que forma parte de mi vida profesional y de este proyecto que, poco a poco, ha ido creciendo alrededor de algo que me acompaña siempre: las palabras.

En la nueva página podréis encontrar mis talleres de escritura, tanto para quienes quieren empezar como para quienes desean seguir avanzando y profundizando en su escritura. También mis servicios editoriales, el acompañamiento a escritores y escritoras y diferentes propuestas relacionadas con la creación literaria.

Y, por supuesto, hay un espacio muy especial dedicado a la librería, donde están mis libros, las obras de autores y autoras editadas por Palabreando y nuestra revista Hércules, una publicación literaria de coleccionista a la que tenemos un cariño muy especial.

También quería que en esta página estuvieran presentes las personas que forman parte de Palabreando. Por eso podréis leer los testimonios de algunos alumnos y alumnas y de personas a las que he acompañado en sus proyectos. Sus palabras son, sin duda, una de las partes más importantes de este camino.

Y quiero aclarar algo para quienes me seguís desde hace tiempo: el blog seguirá funcionando como siempre. No desaparece ni cambia su esencia; al contrario, ahora forma parte de la nueva página y continúa siendo este espacio en el que comparto noticias, reflexiones, experiencias, literatura y todo aquello que siento que merece ser contado.

Esta nueva web no supone empezar de cero. Es, más bien, darle una nueva casa a todo lo que ya hemos ido construyendo juntos y abrir la puerta a todo lo que está por venir.

Os invito a visitarla, a curiosear, a descubrir sus distintos rincones y, sobre todo, a sentiros también parte de este espacio.

Porque Palabreando sigue creciendo, y yo no puedo estar más ilusionada con todo lo que queda por escribir.

Visita la nueva página de Palabreando: https://www.palabreandoescritura.es/


Dos escritoras, una feria y libros que viajan

La pasada Feria del Libro de Estepona nos regaló una de esas experiencias que, como madre y como escritora, guardaré con especial cariño.


Estuve allí con mi hija, compartiendo mesa, libros y lectores. Ella firmando sus tres novelas y yo mis libros de relatos, poesías y artículos. Las dos disfrutando de algo que nunca deja de emocionarme: ver cómo alguien se acerca, hojea un libro, pregunta, conversa contigo y decide llevarse tu historia a casa.

Como madre, mirar a mi hija sentada a mi lado, también como escritora, tiene algo difícil de explicar. Yo la he visto crecer, buscar su camino, descubrir sus propias inquietudes… y ahora compartimos algo tan íntimo y personal como la escritura. Cada una tiene su voz, sus historias y su manera de entender la literatura, pero en esta feria pudimos vivir juntas ese pequeño milagro de ver cómo nuestros libros encontraban lectores.

Y esos libros ya han comenzado su propio viaje. Gracias a quienes los habéis comprado, han viajado —y siguen viajando— a Madrid, Ciudad Real, Marruecos y distintos puntos de Andalucía. ¡Gracias por hacer posible este recorrido!

Un agradecimiento muy especial a Teresa Floro TF por invitarnos a participar en esta feria y por contar con nosotras.

Porque los libros los escribimos, sí, pero empiezan una nueva vida cuando encuentran lectores. Y no hay nada más bonito que comprobar hasta dónde pueden llegar nuestras historias.

Gracias por acompañarnos en este viaje.










Los adverbios en -mente: no son el enemigo, pero…

Los adverbios terminados en -menterápidamente, lentamente, cuidadosamente…— forman parte de nuestra lengua y, por supuesto, podemos utilizarlos. Pero, cuando escribimos, conviene preguntarnos si realmente los necesitamos o si estamos abusando de ellos.

En muchas ocasiones, podemos expresar la misma idea con una imagen, una acción o una frase más precisa y conseguir que nuestro texto gane fuerza.

En este nuevo vídeo de Palabreando hablamos de los adverbios en -mente, de cuándo utilizarlos y de por qué conviene revisar su presencia en nuestros textos.

Dale al play y descubre cómo pequeños cambios pueden ayudarte a mejorar tu escritura. 

Descubre todo lo que puedes aprender en Palabreando

Desde hace años, en Palabreando Taller de Escritura ayudamos a personas que quieren aprender a escribir, desarrollar su creatividad y mejorar su forma de contar historias.

Impartimos diferentes talleres de escritura creativa, adaptados a distintos intereses y niveles. Talleres de relatos, poesía, escritura emocional, creación de personajes, escritura a partir de objetos y muchas otras propuestas para descubrir nuevas técnicas, encontrar inspiración y avanzar en tu propio camino como escritora o escritor.

Cada taller está pensado para que puedas aprender haciendo: escribiendo, compartiendo, experimentando y descubriendo todo lo que eres capaz de crear con las palabras. No importa si estás dando tus primeros pasos o si ya llevas tiempo escribiendo: siempre hay una nueva historia que aprender a contar.

A continuación puedes conocer algunos de los talleres de escritura que hemos impartido en Palabreando a lo largo de los años y las diferentes propuestas que forman parte de nuestro proyecto.

Mira los carteles, descubre cada taller y encuentra el que más conecta contigo. Quizá sea el comienzo de tu próxima historia.

Contacta conmigo, charlamos y seguro que encontramos el taller en el que te sientas más a gusto para escribir, crear y disfrutar de las palabras.













Octubre llega a Palabreando con nuevos talleres para escritores

¿Tienes historias dentro, pero siempre encuentras una excusa para no escribirlas?

Quizá llevas tiempo escribiendo.

Has hecho cursos. Has leído sobre técnicas narrativas. Tienes ideas, personajes, escenas que vuelven una y otra vez a tu cabeza. Incluso puede que hayas empezado varios relatos y alguno de ellos siga esperando en una carpeta.

Sabes que quieres escribir. Pero no siempre consigues sentarte a hacerlo. Y ahí aparece la procrastinación: «cuando tenga más tiempo», «cuando esté más inspirada», «cuando sepa cómo continuar esta historia».

En Palabreando creo que muchas veces no necesitamos aprender a escribir desde cero. Necesitamos un espacio que nos ayude a volver a escribir, mantener el ritmo y avanzar. Por eso este otoño nacen dos propuestas diferentes, pero complementarias.

Dos talleres, dos formas de entrar en la escritura y muchas historias por descubrir.

En Palabreando no necesitas llegar con una gran idea preparada. Solo necesitas curiosidad, ganas de escribir y el deseo de dejar que las palabras te sorprendan.

Las plazas son limitadas para poder trabajar de forma cercana y personalizada.

Este curso, vuelve a escribir. O empieza de una vez.


Taller: El poder de los objetos


¿Te gusta escribir, pero a veces no sabes por dónde empezar? ¿Quieres encontrar nuevas ideas, mejorar tu escritura y compartir el proceso con otras personas que también disfrutan de las palabras?

Este nuevo curso, en Palabreando estrenamos una propuesta que seguro te hará mirar el mundo de otra manera: el Taller de Escritura a partir de los objetos.

Una llave, una fotografía, una prenda, una taza, un juguete olvidado… los objetos guardan historias. A veces contienen recuerdos; otras veces nos hablan de quienes los tuvieron entre sus manos. En este taller aprenderemos a convertir lo cotidiano en literatura y a descubrir todo el potencial creativo que puede esconderse en algo aparentemente sencillo.

En El poder de los objetos aprenderás a utilizar los objetos como herramientas narrativas, dotarlos de memoria y significado, revelar personajes a través de ellos y convertirlos en el corazón de una historia. Porque a veces una gran historia empieza con algo tan pequeño como una llave guardada durante años en un cajón.


Taller: Las emociones y los sentidos



El Taller de Emociones ha tenido una acogida estupenda y, por eso, seguimos profundizando en este apasionante camino de escritura.

Las emociones pueden convertirse en el origen de una historia, un personaje, un poema o una escena inolvidable. Alegría, miedo, nostalgia, rabia, amor… trabajaremos con ellas para transformarlas en palabras y hacer que nuestra escritura gane profundidad, autenticidad y fuerza.

Un taller pensado para escritores que ya tienen una base y quieren seguir creciendo.

Aquí no se trata solo de escribir por escribir. Trabajaremos la emoción, los sentidos, los personajes, las escenas, la voz narrativa y todos esos elementos que consiguen que un relato no solo se entienda, sino que se sienta.


Dos talleres. Una misma idea: seguir escribiendo. No necesitas esperar a sentirte inspirado. Necesitas un espacio, una rutina, alguien que te acompañe y el compromiso contigo mismo de seguir escribiendo. 

Dos clases al mes, por Zoom, durante el curso de octubre a junio.

Un grupo reducido para poder trabajar de manera cercana, compartir textos y recibir orientación durante el proceso.

Y hay algo más: al finalizar el taller, cada participante tendrá la posibilidad de publicar un libro con los relatos, además de recibir su diploma.

Si tienes historias pendientes, este puede ser el momento de retomarlas.

Palabreando es ese espacio. 

Imparte: Nuria Ruiz Fdez. Si quieres información o reservar tu plaza, escríbeme por WhatsApp al 639 025 469.


Palabreando. Donde las palabras cobran vida.

Cómo usar el gerundio correctamente

El gerundio es una de esas formas verbales que utilizamos a diario al hablar y al escribir, pero que no siempre empleamos de la manera más adecuada.

Sin embargo, el gerundio no es nuestro enemigo: bien utilizado, puede ser un recurso muy útil y expresivo.

En este vídeo de Palabreando, mientras camino, hablamos de sus usos, de los errores más frecuentes y de esas situaciones en las que conviene buscar otra forma de construir la frase.

Porque escribir mejor no consiste en eliminar determinadas palabras de nuestro vocabulario, sino en aprender cuándo, cómo y por qué utilizarlas.



Rayuela, de Julio Cortázar: claves para acercarse a la novela

En 1963, Julio Cortázar publicó Rayuela, una novela que cambiaría la relación entre el lector y el libro. Desde el principio dejó clara su intención: ofrecernos un recorrido distinto por la historia. El famoso «Tablero de dirección» permite saltar de un capítulo a otro y convierte la lectura en una experiencia activa.  

                                 


Para entender qué quiso hacer Cortázar con esta novela, merece la pena detenernos primero en él. Nació en Bruselas en 1914, aunque pasó su infancia y juventud en Argentina. En 1951 se trasladó a París, ciudad en la que vivió durante muchos años. Ese cambio de escenario tuvo una importancia fundamental en su vida y también en su literatura. París ocupa un lugar esencial en Rayuela y sus calles, sus cafés y su ambiente cultural acompañan constantemente a los personajes.

Cortázar llegó a la literatura con una sólida formación y una enorme inquietud intelectual. Le interesaban las posibilidades del lenguaje y las formas de romper con una narrativa demasiado convencional. El jazz también tuvo un peso importante en su manera de entender la creación. La improvisación, el ritmo y la libertad que encontraba en esta música aparecen de alguna manera en la estructura de Rayuela.

Cuando uno abre Rayuela, encuentra algo poco habitual. Antes del primer capítulo aparece un Tablero de dirección en el que Cortázar propone un orden de lectura diferente al tradicional. Podemos seguir los capítulos del 1 al 56 y obtener una lectura lineal. También podemos seguir las indicaciones del tablero y saltar de un capítulo a otro.

Ahí aparecen los llamados capítulos «prescindibles». El término puede llevar a confusión porque muchos de ellos amplían la historia, aportan reflexiones y ofrecen nuevas perspectivas sobre los personajes. Cortázar quería que el lector tomara decisiones y participara en la construcción de su propia lectura.

Y aquí está, para mí, una de las claves de la novela.

Cortázar convierte la lectura en un juego.

El propio título nos da una pista. La rayuela es aquel juego infantil en el que vamos saltando de una casilla a otra hasta alcanzar el cielo. Cortázar utiliza esa imagen como una metáfora de la búsqueda. Sus personajes persiguen algo que parece encontrarse siempre un poco más allá, como si la felicidad, el conocimiento o esa forma de plenitud que desean nunca terminaran de dejarse alcanzar.

El protagonista de la novela es Horacio Oliveira, un argentino que vive en París. Es un hombre intelectual que analiza constantemente cuanto sucede a su alrededor y que busca una manera diferente de comprender la existencia.

En su vida aparece la Maga, cuyo verdadero nombre es Lucía. Su manera de relacionarse con el mundo contrasta con la de Oliveira. Ella vive muchas situaciones desde la intuición y la emoción, mientras él intenta comprenderlas desde el pensamiento. Esa diferencia marca buena parte de su relación.

Su historia comienza marcada por el azar. Oliveira y la Maga pueden encontrarse por las calles de París sin haber fijado una cita. Se buscan y, a veces, parece que la ciudad juega con ellos. Esa manera de encontrarse resume bastante bien el espíritu de la novela: los personajes avanzan entre casualidades, decisiones y búsquedas.


Junto a ellos aparece el Club de la Serpiente, un grupo de amigos que se reúne en París para hablar sobre literatura, filosofía, arte y música. El jazz ocupa un lugar destacado en esos encuentros y se convierte en mucho más que una referencia musical. La improvisación y la libertad del jazz tienen una relación evidente con la manera en que Cortázar construye su novela.

Pero Rayuela no gira únicamente alrededor de una historia de amor. La novela plantea una búsqueda mucho más amplia. Oliveira intenta encontrar un sentido que vaya más allá de la vida cotidiana. Quiere llegar a ese lugar que él mismo imagina como un centro desde el que comprender la existencia.

Por eso la novela está llena de preguntas.

¿Qué significa vivir de una manera auténtica? ¿Podemos conocer realmente a otra persona? ¿Hasta dónde nos sirve la razón para comprender lo que sentimos? ¿Existe una forma de escapar de las rutinas que terminan condicionando nuestra vida?

Cortázar plantea estas cuestiones a través de sus personajes y también mediante la propia estructura de la novela.

El lenguaje participa igualmente en ese juego. Uno de los ejemplos más conocidos aparece en el capítulo 68, donde Cortázar utiliza el glíglico, un lenguaje inventado que mezcla sonidos y palabras reconocibles con otras creadas por el propio autor. Aunque el lector desconozca el significado exacto de muchas expresiones, puede seguir el ritmo y captar la sensualidad de la escena.  


Todo esto explica por qué Rayuela ocupa un lugar tan especial dentro de la narrativa del siglo XX. Cortázar quiso experimentar con la forma de contar y también con la posición del lector frente al texto. La novela le concede libertad para elegir su recorrido y le pide atención para relacionar sus diferentes piezas.

A mí me parece interesante acercarse a ella teniendo esto presente. Si esperamos una novela convencional, algunos de sus saltos pueden desconcertarnos. Si entendemos desde el principio que Cortázar nos propone un juego, resulta más fácil entrar en él.

Cortázar escribió una novela sobre la búsqueda y convirtió su propia estructura en otra forma de buscar. El lector salta de una casilla a otra mientras Horacio Oliveira intenta encontrar su propio centro. Unos caminos conducen a París. Otros llevan hasta Buenos Aires. Algunos nos acercan a los personajes y otros nos llevan hacia las reflexiones que atraviesan toda la obra.

Más de sesenta años después de su publicación, Rayuela continúa planteando preguntas. Quizá porque algunas preguntas no necesitan una respuesta definitiva para seguir teniendo sentido.

Para mí, esa es una de las razones por las que merece la pena volver a Cortázar.

Y también por algo mucho más sencillo: porque todavía consigue que leer sea un juego.



¿Epíteto o cliché? El adjetivo que puede arruinar tu poema

Un adjetivo puede aportar fuerza, belleza y precisión a un poema. Pero también puede convertirse en una palabra innecesaria que le reste intensidad. ¿Sabes distinguir un epíteto de un adjetivo especificativo? ¿Y reconocer cuándo un adjetivo cae en el cliché?

En este vídeo te lo explico de forma sencilla, con ejemplos, para que puedas elegir tus palabras con mayor intención cuando escribas poesía.

Dale al play y descubre qué adjetivos suman a tus versos y cuáles pueden estar sobrando.



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