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Macarena Peña presenta en San Roque su nueva novela: una noche de literatura, música y emoción

Anoche no ejercí solo de escritora. Anoche me tocó habitar un territorio más delicado: el de madre que presenta la tercera novela de su hija ante un público atento y emocionado.

La escritora algecireña Macarena Peña presentó en la sede de la Asociación de Vecinos Al Andalus de San Roque su nueva obra, Buscando el sol en la nieve, publicada por Diversidad Literaria. Y aunque una intenta mantener la compostura profesional, hay momentos en los que la vida irrumpe y desarma cualquier guion previsto.


Permítanme contarlo como lo viví.

Siempre supe que Macarena escribiría. Mucho antes de que ella misma lo sospechara. Fue una niña de imaginación desbordada, de esas que no se conforman con el cuento y preguntan qué siente el lobo o por qué la luna decide esconderse. Con apenas cinco años memorizaba versos de Juan Ramón Jiménez y Gloria Fuertes que yo le leía por las noches, y al día siguiente, subida al mostrador del bar de su abuelo, los recitaba con una mezcla de solemnidad y descaro que ya anunciaba carácter.

Creció entre libros y conversaciones, en una casa donde la lectura era refugio y herramienta. No fui una madre de vigilancia constante, sino de acompañar a distancia, dejando espacio para que el error también enseñara. Y en ese aprendizaje, entre sensibilidad extrema, familia monoparental y el sostén silencioso de sus abuelos, Macarena se hizo mujer.

Su trayectoria no ha sido lineal. Se formó como auxiliar de clínica, trabajó, formó una familia, luchó por abrirse camino. Y cuando todo parecía trazado, decidió girar el timón. Estudió Diseño Gráfico y apostó por la creación visual y la fotografía. Ese cambio, lejos de ser ruptura, fue coherencia: la mirada que encuadra una imagen es la misma que hoy sostiene su prosa.

La velada comenzó con música. El cantautor y poeta Juan Nadie puso sonido a la emoción colectiva y participó además en una lectura dramatizada de varios fragmentos del libro que sorprendió —y conmovió— a la propia autora. 


Con esta tercera novela, Macarena consolida una voz propia. Tras haber sido finalista en un certamen nacional con su segunda obra publicada por Avant Editorial, ahora da un paso más firme con Buscando el sol en la nieve. La editorial confió en ella incluso antes de que el manuscrito estuviera terminado, algo poco frecuente en el sector y que habla de intuición, pero también de certeza.



La novela transita entre el thriller psicológico y el drama emocional. Acompañamos a Julia en un viaje físico y, sobre todo, interior, donde la culpa, la redención, la amistad y el miedo se entrelazan con la esperanza. Es una historia que se lee con el pulso contenido y que, al cerrarla, deja una serenidad inesperada, como si algo hubiera encontrado su lugar.

Macarena escribe con una prosa limpia y visual. Se nota la fotógrafa en cada encuadre narrativo: no hay adjetivo superfluo, no hay escena gratuita. Sus descripciones funcionan como planos cinematográficos; la cámara se detiene justo donde el corazón empieza a temblar. Sus diálogos no explican: revelan. Y su mayor virtud —lo que más admiro— es que escribe desde la verdad emocional. No busca el artificio, sino la hondura.

Durante el acto, varias lecturas dramatizadas dieron vida a los pasajes más intensos de la novela. La interpretación, medida y sensible, arrancó aplausos sinceros y miradas cómplices. Fue uno de esos momentos en los que la literatura deja de ser texto y se convierte en experiencia compartida.

Al final, tomé la palabra no solo como madre, sino como lectora. Le dije que sabía que algún día escribiría, pero no que lo haría con esa mezcla de serenidad y valentía. Que incluso en sus inviernos más fríos, la creatividad sería su forma de buscar el sol.

La Asociación de Vecinos Al Andalus merece un agradecimiento especial por abrir su sede a la cultura y apostar por el talento cercano. En tiempos donde todo parece acelerado, estos espacios demuestran que la literatura sigue siendo un lugar de encuentro y comunidad.

Anoche no se presentó solo un libro. Se celebró un recorrido, una decisión valiente y una voz que ha aprendido a mirar de frente. Y yo, desde mi doble condición de escritora y madre, fui testigo de algo más que un acto literario: fui testigo de una confirmación. La niña que recitaba poemas en un mostrador ha encontrado su propia música en las palabras.



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