El pasado 24 de abril vivimos en Sotogrande algo difícil de explicar si no estuviste allí. La VIII edición del Día del Libro no fue solo un evento literario. Fue uno de esos encuentros que se quedan dentro, que se alargan más allá de las horas y que te reconcilian con lo que hacemos: escribir, compartir, escuchar.
Desde Palabreando, junto a Eli Ramos de Puerto Sotogrande, llevábamos días pendientes del cielo. Y no exagero si digo que hasta el último momento estuvimos valorando cambiarlo todo: largas conversaciones para decidir y lágrimas en los ojos a veces de impotencia. La lluvia amenazaba y algunos compañeros decidieron finalmente no venir. Lo entendimos. Pero también decidimos seguir adelante.
Y entonces pasó algo curioso.
La lluvia se contuvo. El viento se calmó. El frío, de pronto, dejó de molestar. Como si el día hubiera decidido darnos una tregua.
¡Y qué tregua!
Se llenó el espacio de acentos distintos, de miradas curiosas, de libros que viajaban de mano en mano. Tuvimos con nosotros a escritores llegados de Alemania, Argentina y Austria, junto a autores de aquí, de Estepona, Manilva, La Línea, Los Barrios, Algeciras, Jimena, San Roque, Casares… y, por supuesto, Sotogrande.
Pero más allá de los lugares, lo que se creó fue otra cosa. Una sensación de comunidad real. Sin prisa. Sin pose. Con ganas de estar.
Para mí, sinceramente, ha sido uno de los mejores Días del Libro que hemos celebrado en estas ocho ediciones.
Además, hubo algo especialmente importante que me gustaría destacar. Conseguimos que el evento fuera inclusivo de verdad. Gracias a Sotoaudio, todo lo que se decía se proyectaba en una pantalla gigante, en inglés y en español. Eso permitió que personas extranjeras y también quienes tuvieran dificultades auditivas pudieran seguir cada intervención. Y eso, para mí, no es un detalle. Es una forma de entender la cultura.
Y cuando parecía que no podía sumarse nada más, llegó la música. Juan Nadie (Juan Antonio Rivera Gorjón, también escritor) puso el broche musical y lo hizo como se hacen las cosas cuando hay verdad: sin artificio, pero llegando. Es la primera vez en ocho años que hemos tenido música en directo.
Después, lo mejor: ese momento en el que todo se relaja. Las conversaciones, los libros que se compran, las firmas improvisadas, las risas que ya no están sujetas a un programa. Y la entrega de diplomas de participación, novedoso también en este año; queríamos agradecer la asistencia a los escritores que con valentía acudieron al acto a pesar del tiempo y los inconvenientes, y a última hora los preparamos.
Ahí es donde realmente ocurre todo.
Quiero dar las gracias a quienes lo hicieron posible. A El Almacén del Puerto por cedernos el espacio, a Alquila KE por el mobiliario, a Fundación Navega por su apoyo y, por supuesto, a Sotoaudio por hacer que todo sonara —y se entendiera— como debía.
Y gracias, de verdad, a cada persona que estuvo allí. Porque los eventos no los hacen las mesas, ni los micrófonos, ni los carteles.
Los hacen las personas.
Y este… este tuvo algo especial.
Autores participantes y obras presentadas:
Verónica Gau (Austria – La Línea): Monstruitos. Diálogos con los demonios internos
Ana Tonda (Casares): El rey de ningún sitio
Valerie Springer (Alemania – Sotogrande): Una cabra, un pueblo y sin internet
Juan Antonio Rivera Gorjón (Algeciras): La nostalgia. Ese drama por fascículos
María del Mar Ortega (Algeciras): Recuerdos de la Almoraima
Ana Paula Mena Galán (Estepona): Alas infinitas
Alicia Morales (Ceuta – Algeciras): Tetas y miedo
Gabriela de la Torre (Alemania – Manilva): Debajo del moral
José Téllez Gavilán (San Roque): Mary y Blanche
Javier Recarte (Sotogrande): Interduo Regna
Esperanza Rodríguez Vera (La Línea, Grupo Infusiónate): Geografía de los sentidos
Juan Enrique Puche (La Línea): El narco que leía a Pío Baroja
Emilio Ríos y Mariluz Reyes (Sabinillas): Esclava o libre, siempre poesía y Brotaremos de nuevo
Diego Martínez (Los Barrios): Beaword
Mar Navarro (Granada – Estepona): Hacia fuera
Claudia Sabine Strauss (Argentina – Estepona): Todo vuelve
Graciela Prego (Alemania – Manilva): Zapatillas de punta




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